Una, en su esquinita del final del taller, calladísima. De repente voltea hacia la ventana, hacia la calle helada con los audífonos puestos. A veces somos los únicos ahí y apenas cruzamos palabra. Posiblemente no volveré a verla.
no tengo problemas para definir lo que me gusta, tengo problemas para decidir aceptar las responsabilidades de que eso me guste. ¿le falta a mi gusto gustarme para que lo defienda o me falta un huevo para la felicidad?