A Ale le fascina iniciar discusiones. Lo que hace es abrir el tema en dos, colocar en un lado a los animales extraños y en el otro a los todavía más extraños. Todo para que este segundo lado quede menos poblado sin que en el proceso caigan muertos.
Yo, en cambio, tengo por fin que decidirme, para empezar cualquier cosa de cualquier tipo, a abrir espacio en mi pinche mesa. Nunca dura limpia y durante mis intentos por despejarla, me pierdo sin retorno en la praxis-pregunta, caso por caso, de por qué sigue una cosa esperando a ser usada o, en otras palabras, por qué no se ha ido tanta mierda inservible a la mierda. ¿Tan aburrida está la mierda inservible que necesita de mí para distraerse? La misma situación se replica (¿dónde empezó?) en cualquier ámbito: mis ambiciones de concentración y consistencia desbordan y decaen simultáneamente, demasiado sueño o demasiada falta de sueño, me sobran conocidos regulares, etc. Lo dije todo con: "tengo por fin que decidirme". ¿A qué suena eso? Al objeto favorito de la colección del fracasado.
Sé que desde hace mucho lo que tengo que hacer es una limpieza. A menos que, como parece a veces, sea con las manos sucias buscando en tierra mojada, totalmente ensuciándose mucho más que las manos que algo de limpieza en verdad empieza.